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Bullying

Las consultas por casos de bullying han aumentado de manera significativa en los últimos años, pero en este caso lo que ha sucedido es que se comenzó a poner nombre y a hablar de acciones que años atrás también se sufrían, pero estaban naturalizadas, no se trataban, pero aun así se padecían. Desde esta perspectiva, el aumento de consultas nos parece positivo en la medida en que se registra este accionar y se puede trabajar sobre el mismo a tiempo.

El bullying, o acoso escolar, es un tipo de violencia repetida en el tiempo y hecha de manera continuada que se da en el entorno educativo. Se trata del uso de la intimidación hacia una persona y en todos los casos este acto está destinado a dañar a una persona, convirtiéndose en un patrón que puede tomar la forma de agresiones verbales, físicas y/o psicológicas.

Las consecuencias para quien sufre bullying pueden ser baja autoestima, miedo, ansiedad e incluso depresión o estrés postraumático.

Usualmente hay tres tipos de protagonistas que interactúan en un proceso de bullying:

El agresor, que puede actuar solo, aunque generalmente tiene respaldo del grupo.

La víctima, que generalmente se encuentra aislada.

Y los compañeros/as, que en múltiples ocasiones observan sin intervenir, los conocidos como testigos mudos, pero también están los que fomentan el acoso.

Indicadores que pueden servir como signos de alerta en un niño/adolescente que sufre bullying:

· Niños evasivos ante el contacto visual.

· Con dificultades para dormir por la noche.

· Se resiste a ir al colegio.

· Estas aislados socialmente.

· Regresan del colegio con moretones o golpes.

· Llegan del colegio con hambre a pesar de llevar comida.

· Piden más dinero constantemente.

Estos indicadores deben basarse en hechos que surgen con cierta regularidad, además de estar acompañados por una disminución de la afectividad.

¿Como se puede ayudar a una víctima de bullying?

Para empezar, es fundamental mantener una actitud de comunicación abierta basada en la validación emocional con los hijos. Eso hará que se muestren dispuestos a contar cualquier problema, aunque, en el caso del bullying, el sentimiento de culpa suele tener un gran peso y estas revelaciones pueden tardar en expresarse.

Si tus hijos/as están padeciendo acoso escolar, se dejamos las siguientes recomendaciones:

Escucha a tu hijo y hacele saber que no debe avergonzarce, que tiene derecho a sentirse seguro y feliz, que ser acosado no es su culpa: evita pedirle que se defienda, al menos de manera directa. Empatiza con él, siente su miedo, su vergüenza y no le pidas que haga algo para lo que no está preparado.

Exprésale que estás ahí para ayudarlo y pregúntale cómo cree que puedes hacerlo.

Explícale a tu hijo la diferencia entre «delatar» y «contar o pedir ayuda»: mientras la primera opción se utiliza para meter en problemas a un compañero, la segunda permite proteger a una persona.

Reforza la autoestima de tu hijo diciéndole y señalándole todas las cosas que hace bien

Comunicate con sus docentes o directivos para averiguar si ellos están al tanto de la situación y conocer qué medidas se van a tomar desde el colegio.

Enséñale a tu hijo a responder frente al acoso: los acosadores disfrutan de una posición de poder, les gusta sentirse superiores y generar miedo. Si enseñas a tu hijo a minimizar el impacto que el acoso tiene en él (al menos frente al acosador), probablemente este se canse de molestarlo. Por ejemplo, si el acosador se acerca a tu hijo insultándolo, él puede decirle que sus bromas ya no le causan gracia a nadie, que es hora de que se busque otra cosa que hacer, y luego darse la vuelta e irse. Esta actitud indiferente puede ayudar a cortar la situación de acoso.

Busca ayuda profesionalDebido a que una víctima de bullying puede ser acosada constantemente, es importante que ayudes a tu hijo a superar los efectos de la intimidación y del acoso. De este modo, es vital que acuda a un profesional psicólogo. 

A pesar de que el bullying es cada vez más señalado por docentes y alumnos, la realidad es que estas actitudes aún están muy lejos de extinguirse. Es por ello, que es muy importante la coordinación entre los profesionales de la salud mental y de la educación con los padres para poder detectar y solucionar estas situaciones. La salud mental de los niños debe ser una prioridad para los adultos.